domingo, abril 20, 2008

#194. Feliz Número 3.

En medio de tantas expectativas, recién mudada a otro país, sola, enamorada y con una propuesta de matrimonio hecha a los 3 días de verlo personalmente, viviendo en Costa Rica, tras una serie de eventos inesperados decidimos mi Kuki y yo hacer un plan: si la respuesta a tan poca despreciable propuesta de trabajo era "si" acordamos que cuando él llegaría a la casa me iba a abrazar, me decía al oído que nos vamos y si la respuesta era "no" o "esperar" pues lo hablaríamos, eso si, algo tendríamos que hacer. Bueno, después de apenas una semana de esperar una respuesta, mi Kuki aplico el plan “c” pues llegó, me miró extraño, luego me abrazó, me cargó, me llevó en sus hombros, corrimos por toda la casa, llore de la emoción y a medida que pasaban los minutos y mi Kuki no decía ni una palabra, empece a pensar que iriamos más lejos de lo que habiamos planeado y si, no lo podía creer porque al rato fue que caí en cuenta de mi nueva realidad: nos vamos a vivir a México y lo siguiente por hacer: la primera de muuuuuchas mudanzas en 3 años. Ya con los pies en tierra azteca entendí que ya no serían casi 3 horas en avión desde Venezuela hasta Costa Rica, ahora son 5 horas como mínimo sin incluir un cambio de horario que aún no me cuadra: son las 8 y 15 de la noche y parecen las 4 de la tarde. Ésta decisión me llevaría lejos de Venezuela: escoge, me dije.
Desde ese día hasta la fecha han pasado tres años exactos, todo eso pasó un 20 de abril de 2005, que después y entre visitas, salidas, llegadas, viajes, mudanzas, sobretodo aprender a controlarme por no decir lo primero que me pasara por la mente al auto de al lado en un trafico de 3 horas al primer día de llegada, estupenda bienvenida, ¿no?, a convivir con frío y calor en un mismo día y un mismo año, y si, a dormir menos, comer de más, ver caer granizo, la contaminación, los casi 8 kilos de más, ver hermosos atardeceres desde un avión, valorar más los pocos amigos, aprender muchas cosas al mismo tiempo, entre ellas ubicarme dentro de la Ciudad de México para no repetir lo que aún hago: perderme, mirar bajo otra óptica, observar sin criticarme tanto y autoevaluar mi propia personalidad, los cambios propios de las decisiones que tomé, madurar emocionalmente, todo eso definitivamente no lo cambio por nada ni me regreso en el tiempo.

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Gracias Dios, Gracias Santa Eduvigis, Gracias San José por los favores recibidos.

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Sigo esperando: quedan 7.

2 comentarios:

Laura dijo...

Que historia!
Bueno en cierta forma se parece a la mía, pues tiene algo muy similar, yo estoy fuera desde hace 2 años de Venezuela, pero ahora más lejos aún de esas cinco horas que tú dices y también por amor.
Que bueno cuando uno se reencuentra y le da el amor a alguien que vale la pena, y además vive moemntos inolvidables, así sea con frío o calor, con lluvia o nieve, con la contaminación o sin ella.

Felicidades por todo lo bello y lo trabajado por tí en todo este teimpo.

Un abrazo

Dabart dijo...

Carola:
estas experiencias son las mas fuertes, las que nos hacen valorar lo que dejamos atras, y, si somo sinteligentes: a disfrutar y apreciar lo que hoy tenemos...
un abrazo fuerte!