jueves, agosto 06, 2009

Guanajuato.

Tiene no sé cuántos títulos que le han sido otorgados a lo largo de su historia, el más reciente Ciudad Luz, el único en América, título solo comparable con Paris. Tiene tuneles que atraviesan toda la ciudad donde en un pasado circulaba agua limpia, ahora son una especie de cavernas convertidas en calles con semaforos y demás donde a falta de estacionamiento las personas pueden dejar sus vehículos aparcados ya que no cuenta sino con cuatro estacionamientos lo que significa que el caos no llega a ser tan grande como en el DF, gracias a Dios solo hay 154.000 mil habitantes, cantidad que aumenta significativamente cada fin de semana. Las noches se pueden muy bien pasar en medio de kareokes con calles inundadas de turistas, las tradicionales marchas donde se hacen recorridos a pié por la ciudad cantando y bailando. Tiene un toque muy bohemio donde sus habitantes hacen alarde de sus dotes musicales y con sus guitarras, mandolinas y acordeones se pasean por las calles alegrando y festejando con los transeuntes. Las imponentes e innumerables iglesias así como el Teatro Juarez le dan un toque muy colonial fusionandose con las calles de piedras, faroles, además de los portones, ventanales y caserones que siguen conservando su antiguo atractivo. Los restaurantes están por doquier, y lo mejor son los precios accesibles. Solo vi algo que no me gusto, me salí por un ataque de encierro y calor insoportable, el principal atractivo de Guanajuato no son las momias, que no son tradicionales, son cadaveres de perfectos desconocidos que se han ido secando sin ninguna clase de envoltura y en algunos casos nisiquiera les han cerrado los ojos, esos cuerpos han adquirido posturas propias de los cambios de los musculos desde el rigor mortis, solo la ropa y zapatos permanecen en aquellos cuerpos, incluso los guias del museo parecen orgullosos de excibir "el feto mas pequeño" que fue extraído del cuerpo de su madre a solo 8 meses de embarazo por medio de una cesarea pero ambos murieron. Es por medio de esta técnica repugnante que cientos de cadáveres se dejan engavetados sin urnas (con su respectivo olor) para luego llevar y mostrar en el museo los cuerpos que nadie reclama. A mi parecer es de lo más bizarro, escalofriante, grotesco e inhumano cobrar para ver el proceso natural de descomposición que sufre el cuerpo después de muerto ya que ninguno de esos cadaveres ha recibido una digna sepultura y han sido utilizados para atraer turistas. A un lugar así no entro ni gratis.

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