miércoles, junio 15, 2011

Millonaria de Alegrias.

Es como si no tuviera memoria, como si mis recuerdos se hubieran esfumados y en lugar de ellos encuentro los pensamientos intermimentes y confusos de una mujer que está a punto de obtener otra nacionalidad pero que sus pies no han pisado suelo extranjero. Así me siento, en cada mañana cuando el alboroto del día anterior cobró en mi y con cada noche al recuperar las fuerzas me vuelvo a sentir como extraña y ajena en mi propio cuerpo, si porque no lo puedo decir de otra forma, no recuerdo tanta alegría en el cine, ni las fiestas, ni los restaurantes, ni los viajes largos ni recuerdo como era mi cartera o las cosas que guaradaba en ella, pero no quiero recordar tampoco, porque ahora mis días se encienden y se apagan con el balbuceo y los sonidos de alguien que antes ni se sentía y ahora explota en todo su esplendor con tan solo llamarme...

Mamá.

Y se hace un silencio cuando me llama por mi nuevo nombre, cuando nuestros ojos se encuentran por primera vez en el día se sonríe, se alborota, camina, corre, me imita, me mira y yo caigo rendida a todos esos encantos que en definitiva me tienen la vida hecha de felicidad.
Ahora se que cuando aparece cualquier destello de recuerdo de alguna cosa que haya viivido no fue sino eso, un destello. Por momentos hay cierta culpa o mejor dicho, arrepentimiento interior, no tenía ni la mas mínima idea de lo que me estaba perdiendo al postergar su presencia. Tiene en su rostro algo magnético que me hipnotiza por completo, pierdo mi identidad y por días enteros siento que estoy como en otra dimensión, una que me eleva y me desprende de cualquier vicio, comportamiento o maña aprendida.

Me doy cuenta que al crecer me perdí pero quiero ser como tu de nuevo, que contigo tengo la mayor y mejor escuela, la humildad de tu corto tiempo de existencia para re-aprender y poner en practica lo que sea necesario para reencontrarme conmigo misma.

Contigo tengo una segunda oportunidad.
Gracias hija.

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