lunes, marzo 10, 2014

Doris y Marco Aurelio


(Tomado de rmtf usuario de Instagram)

Doris ha perdido 10 kilos en 26 días. Son los 26 días que lleva Marco Aurelio Coello, su hijo de 18 años y estudiante de quinto año de bachillerato, privado de libertad. En un baño y esposado, un funcionario del CICPC le puso a Marco Aurelio una pistola en la cabeza y le dijo “Te vamos a matar. Te vamos a sembrar: di que tú quemaste esas patrullas”. Marco Aurelio lo negó y así logró que todo empeorara. Lo envolvieron con tirro y una colchoneta de goma espuma. Entre cinco funcionarios le dieron golpes, patadas, amenazas. “Firma aquí. Di que tú incendiaste eso”. 
El mismo funcionario, impotente ante la negativa, lo rocío con gasolina. Con dos cables le aplicaron descargas eléctricas que lo desmayaron, hasta que apareció alguien que dijo “No lo maten aquí. Aquí no, aquí nos pueden ver”. Entonces a manera de entretenimiento los funcionarios jugaron a pegarse corriente, entre ellos. 48 horas pasaron desde de la detención de Marco Aurelio hasta que pudo ver a un abogado. Siempre estuvo incomunicado. 

Marco Aurelio fue por primera vez a protestar en una marcha el 12 de febrero. Fue con un amigo y la mamá del amigo. En Parque Carabobo se quedó solo y atrapado entre los manifestantes y funcionarios policiales con escudos. En un acto de ingenuidad, intentó buscar protección con las fuerzas del orden. Una bomba lacrimógena le cayó en la cadera. Aturdido y asfixiado perdió la capacidad de reconocer lo que sucedía alrededor y terminó en el piso. Cuando logró recuperarse se dio cuenta de tres cosas: no sabía cuánto tiempo había pasado, lo estaban esposando y veía como ardían unas patrullas del CICPC. Marco Aurelio, el hijo de Doris, no está solo. Seis jóvenes en total permanecen junto a él en esa condición. Sin conocerse antes, han estado unidos en el mismo espacio. Confinados. La casa de Doris no está desordenada pero es evidente que dejó de ser prioridad hace días. El cuarto de Marco Aurelio intacto, la cama tendida, no hay ropa que lavar. Un camión pequeño llega con un sofá recién tapizado. El antes tan esperado sofá ahora luce tan fuera de lugar… Por momentos, Doris pierde la fe. Solo por momentos. 

Doris Morillo de Coello, 50, Abogado.

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