miércoles, agosto 03, 2016

Dolor ūüíĒ

"No importa la época que nos toque vivir, los hechos hacen ver que la historia es contemporánea cuando es la mujer la que la escribe con su dolor".
CHL.


La escena es de la portada de un periódico editado en Manila, Filipinas. La fotografía no nos es ajena; México, Honduras, Guatemala y Colombia forman parte de esa geografía sin fronteras de la violencia del narco y su guerra, que, como la hiedra se expande por los corredores de la cotidianidad atrapándonos.

Es el dolor, el profundo dolor de una mujer joven Jennelyn Olaires que ha perdido a su amado esposo, asesinado.

La resonancia cultural está ahí implícita. Otra vez el Cristo sacrificado. La imagen como conmoción, como conciencia.

Tal vez esta foto, entre miles que cada d√≠a circulan, logre perdurar por esa conexi√≥n pl√°stica con una obra de arte esculpida en el siglo XV: La Piedad de Miguel √Āngel.

La imagen no requiere de m√°s palabras: su silencio nos quema.

El arte es una reflexión profunda sobre nuestra condición y se cuela, por doquier, cargado de un instinto testimonial.

Ah√≠ en la calle yace ese joven Michael Siaron, ella, lo acoge por √ļltima vez, sus l√°grimas y la sangre se mezclan, no son ya la nota roja de la prensa, ni la denuncia de una violencia irracional, est√°n m√°s all√°, en la oquedad del alma, de nuestra alma colectiva.

Tomado de http://www.sinembargo.mx/03-08-2016/3075222


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